#ÉsPaísValencià o #ÉslacampanyadelPP?

Torne al blog per a fer un apunt ràpid sobre el que ha passat estos últims dies i que segurament serà la tònica general d’ací fins el 2015.
Anem a fer un breu repàs de la situació actual:

- El projecte del PP valencià ha acabat encarnant tot el que s’ha demostrat com un fracàs en esta crisi (urbanisme, ús polític de les caixes, desbaratament de recursos en infraestructures sense cap tipus d’ús productiu, etc.)

- El PP a nivell espanyol ha guanyat el govern i comença a vore com li falla el discurs de l’herència socialista. Rajoy és vist com un dirigent que improvisa, que no té les idees clares i que no sap què fer per a començar a caminar cap a la fi de la crisi. Retallades sobre retallades, pujades d’impostos sobre pujades d’impostos, el PP va tocant tots i cadascun dels sectors socials, entre ells, els més propers (com ara els autònoms). Fins ara s’han salvat els pensionistes.

- La Generalitat no pot fer front a cap tipus de pagament per la seua situació financera. Ofega a sectors productius i a grups especialment vulnerables (com ara les persones depenents i els discapacitats).

- Tot el discurs de reivindicació cap a ZP se li gira en contra quan des dels pressupostos generals de l’Estat només arriben notícies de marginació a les inversions en terres valencianes i el PP valencià no compta amb el poder polític suficient per a aconseguir ni inversions ni un millor finançament que puga alleugerir les restriccions financeres de la Generalitat.

No és d’estranyar, per tant, el panorama que dibuixava l’enquesta de Metroscopia del 9 d’Octubre. El PP s’afona, perd la majoria absoluta, UPyD entra a Les Corts i Esquerra Unida i –especialment- Compromís, aconsegueixen uns grans resultats davant la caiguda sense fre del PSOE.

I davant tot açò quina ha sigut la resposta del PP? La de sempre. Traure els fantasmes a passejar. Que sí el tripartit serà catalanista. Que si els partits que utilitzen País Valencià es quedaran sense subvencions. ETC.

L’objectiu és doble: mobilitzar el seu electorat i, sobretot, aconseguir marcar l’agenda per a que l’oposició parle d’esta nova polèmica i es defense davant els atacs del PP, estenent la cortina de fum sobre els resultats de la seua gestió que es visualitzen dia rere dia.

Per això no és d’estranyar que el PP utilitze esta arma. Ja l’ha usat abans i li ha donat resultat i, des d’un punt de vista objectiu, poques alternatives li queden.

El que ja estranya un poc més és que l’oposició col•labore amb esta estratègia. Amb la situació que n’hi ha, l’últim que preocupa a la ciutadania en general són estes coses.

Realment trobe que al PP no li funcionarà esta estratègia tan bé com es pensa. Però això no vol dir que l’oposició haja de col•laborar i entrar en els jocs que planteja el Partit Popular.

Fa temps ja vaig utilitzar esta cita sobre la dinàmica de les campanyes (i recordem que ja estem en la campanya del 2015):

“La gent creu que una campanya consisteix en dos respostes oposades a una mateixa pregunta i no és així. Es tracta de lluitar per la pregunta adequada”.

Per tant, quina és la pregunta adequada per a guanyar les eleccions de 2015?

El PP, evidentment, desitjaria que la pregunta fora: País Valencià o Comunitat Valenciana. Per això la plantegen, buscant que siga d’una forma tan exagerada i allunyada del sentit comú que provoque la reacció en cadena de tota l’oposició.

Els diferents partits de l’oposició potser no coincideixen en la pregunta que els convindria. Uns potser posarien l’accent en la relació de la crisi amb la regeneració democràtica i altres en la possibilitat de fer fora el PP.

Siga com siga, a cap partit de l’oposició li convé que la pregunta siga País Valencià o Comunitat Valenciana. I evidentment, a una societat castigada per l’atur i les retallades, tampoc.

En definitiva, entrar al drap en esta polèmica (i en la resta que plantejarà el PP en les pròximes setmanes) és reforçar la pregunta del PP, oblidant el missatge propi. Un missatge que amb la situació social, política i econòmica del moment, té unes grans possibilitats de despertar grans adhesions en la societat.

¿Necesita “moderarse” Compromís?

El pasado viernes, la edición valenciana de  El País publicó un interesante artículo de Jorge Galindo sobre el papel de los distintos partidos valencianos durante y tras la ola de incendios que han azotado nuestro territorio. Podríamos resumirlo en dos conclusiones. La primera es que Compromís se ha erigido una vez más como principal partido de la oposición frente a la inacción (o al menos, a la percepción de inacción) del PSOE valenciano. La segunda es que esto aleja la posibilidad de cambio político ya que:

“(…) el [modelo] de la oposición [que compite por gobernar la Comunidad Valenciana] está liderado por un partido que no se encuentra donde está el votante medio, sino en dos extremos: el económico y el identitario-nacional”.

En este artículo pretendo matizar esta afirmación, dejando de lado la primera conclusión en la que concuerdo bastante.

Antes que nada, hay que explicar para los que no están familiarizados con la terminología que la expresión del votante mediano nace de una teoría racionalista del voto según la cual los ciudadanos, atendiendo al posicionamiento de los partidos en distintos temas (issues), son capaces de situarlos en una escala de izquierda a derecha. Además, ellos mismos, según sus propias opiniones sobre los distintos temas, son capaces de situarse en esa escala. La decisión del voto se toma, pues, buscando minimizar la distancia entre el posicionamiento personal y el posicionamiento del partido elegido (en la que se conoce como teoría espacial del voto). Así una persona que se sitúa en la casilla 4, votará al partido más cercano a esa casilla. Esto sería el eje económico del que habla Jorge (aunque hay que señalar que su naturaleza va más allá de posicionamientos económicos ya que cada cual entiende la izquierda y la derecha según sus propias valoraciones, económicas, de valores, etc.).

En algunos sistemas o subsistemas políticos entra en juego un segundo eje de competición. En estos territorios el votante ya no solo se sitúa a él mismo y a los diferentes partidos en el eje izquierda-derecha sinó que también se sitúa en el eje identitario o territorial. Hablamos de territorios como Catalunya, Euskadi, Quebec o Escocia. En Euskadi, por ejemplo, un votante de derechas que se define identitariamente como únicamente vasco, puede dudar entre votar al PNV o a la izquierda Abertzale, en vez de dudar entre votar al PNV o al PP (que sería lo lógico si solo atendiésemos al eje izquierda-derecha). En estos casos depende del peso que tenga cada eje para el votante.

Pues bien, la hipótesis de Jorge Galindo es que el cambio político se aleja cuando la oposición la lidera un partido que no podrá rentabilizar electoralmente su liderazgo porque se encuentra lejos del votante medio tanto en el eje ideológico (por estar escorado muy a la izquierda) como en el eje identitario (por estar escorado hacia posiciones demasiado “valencianistas” –lo que algunos definirían como “nacionalistas”-).

Comencemos por el primer eje. Tomando los datos del post-electoral del CIS de las elecciones autonómicas de 2011 (con todas las implicaciones de margen de error que conlleva sobretodo cuando se cruzan distintas variables).

¿Dónde se sitúa el elector valenciano?

En la encuesta que vamos a utilizar la media ideológica de los valencianos con derecho a voto se sitúa en un 5,10 (en una escala de 1=izquierda 10=derecha). Es decir, el posible votante medio valenciano se sitúa en una posición de centro, ligeramente inclinado hacia la izquierda (recordando que el punto medio de la escala está en 5,5 y no en 5). Ahora bien, si atendemos a la participación electoral, es una constante que los electores que se sitúan en las posiciones más “centradas” tienen una participación relativa inferior al resto de votantes en otras posiciones ideológicas. En este caso la media de los electores que afirmó haber votado está en un 84%, siendo inferior a esta únicamente los electores que se sitúan en las casillas 5-6 y de forma más notoria en los que no se situan en dicha escala (NS/NC). Por lo tanto el elector real o más probable quizás esté situado en una posición ligeramente más hacia la izquierda. Como tampoco tiene demasiada importancia daremos por bueno que tenemos un votante medio que se sitúa en la casilla de 5,10.

¿Donde sitúan los valencianos a los distintos partidos?

Como vemos, si nos atenemos al posicionamiento del elector medio, el que se encuentra más cercano a la media es UPyD, seguido del PSOE, después de Compromís, y finalmente EUPV y PP se encuentran en las posiciones más alejadas. Como primer dato, vemos como Compromís tampoco es situado en una posición extremadamente izquierdista. Más a la izquierda del PSOE, sí, pero bastante más cercano al PSOE que a EUPV. Evidentemente aplicar aquí la teoría del voto espacial no tiene ningún sentido si atendemos a los resultados electorales, porque estamos hablando de medias. Es probable que los votantes de izquierdas valoren al PP muy escorado a la derecha, cuando la opinión de estos votantes tampoco es que le importe mucho al PP para obtener un resultado electoral que le permita gobernar. Por eso es más útil la siguiente pregunta: 

¿Dónde sitúan los votantes al partido al que han votado en las autonómicas de 2011 y donde se sitúan a ellos mismos?

Aquí ya encontramos algo que tiene más sentido. El votante del PSOE y del PP sitúa su partido más a la derecha que su propia ubicación personal, mientras que los de EUPV y Compromís los sitúan más a la izquierda de sus posiciones (de manera más pronunciada en el caso de EUPV).  Aún así, en la hipótesis de Jorge no se trata de que Compromís se quede con el mismo resultado electoral, sinó de que crezca pero sin poder aportar los suficientes votos para romper la mayoría absoluta del PP por su posicionamiento ideológico lejano del votante medio. Por eso hay que ir más allá de su electorado de 2011:

¿Dónde sitúan los electores de los diferentes partidos a Compromís? 

De estos datos podemos extraer dos conclusiones. La primera es que el votante medio del PSOE sitúa como más cercano a Compromís a su posición que el votante de EUPV. Además, el votante medio del PSOE sitúa a EUPV en una posición bastante más alejada (2,27). Por lo tanto, Compromís tiene, en principio, un posicionamiento que no lo invalida para obtener el voto de centro-izquierda. La segunda es que el votante medio del PP sitúa a Compromís en una posición (3,32) bastante cercana a dónde sitúan al PSOE (3,50). Esto tampoco validaría la hipótesis de que el ascenso de Compromís tendría un efecto más movilizador para el electorado de derechas que un ascenso del PSOE.

Por lo tanto, hasta aquí, aunque Compromís se encuentra más alejado del votante medio que el PSOE, no podemos decir que se encuentre en una posición extrema del eje ideológico para su electorado potencial (PSOE) o relevante (PP).

 

¿Qué pasa con el eje nacional/identitario/territorial ?

Lamentablemente no hay datos recientes (o almenos no los he encontrado) del CIS sobre cómo posicionan los electores a los diferentes partidos en cuanto identidad territorial. Lo que sí que podemos encontrar es el posicionamiento de los ciudadanos según su identidad.

Utilizando tanto las variables ideológicas como identitarias tenemos el siguiente “mapa” del electorado valenciano:

 Como vemos, en cuestiones identitarias el electorado valenciano se sitúa mayoritariamente en posicionamientos duales (tan valenciano como español), y los posicionamientos predominantemente españoles (más español que valenciano y únicamente español) tienen una mayor importancia que los predominantemente valencianos (más valenciano que español y únicamente español).

¿De dónde saca el voto Compromís?

Como se puede observar, si bien es cierto que los resultados más importantes de Compromís los obtiene en posiciones extremas en el eje ideológico y identitario/nacional (posiciones poco pobladas como hemos visto en el gráfico anterior), no se puede obviar que cuenta con una importante penetración en cuadrantes donde se concentra la mayor parte del electorado valenciano, como es el centro-izquierda dual.

Esto explica que si nos fijamos en el peso de cada cuadrante en el voto total de Compromís obtengamos lo siguiente:

Por lo tanto, sí, Compromís parte de un “campamento base” situado en un cuadrante poco poblado del electorado valenciano. Ahora bien, el PP también tiene un nucleo duro de votantes situados en la derecha más extrema. Y eso no es ningún obstáculo, en principio, para poder penetrar en otros segmentos de la población, como bien ha hecho el Partido Popular y como empezó a hacer Compromís en 2011. Si no fuera así, la mayor parte del voto de Compromís no provendría del centro-izquierda dual porque tendría “vetado” el acceso a ese segmento.

¿Realmente votamos así?

Hasta aquí hemos asumido que la gente realmente vota basándose en la distancia ideológica e identitaria que los separa de los partidos. ¿Pero es realmente así? El comportamiento electoral es complejo, y en él intervienen muchos factores. Los que hemos visto hasta ahora tienen su importancia, pero también existen otros (valoración de líderes, valoración de la gestión realizada, o la contaminación de la política española en la arena autonómica) que no hemos entrado a analizar.

Incluso, algunos autores defienden que el razonamiento ante una decisión política es profundamente emocional y ligado a la identidad personal, lo que chocaría con los fundamentos de la teoría racional del voto.

Por otro lado, es más que dudoso que el eje territorial sea realmente un eje de competición hoy en día en la política valenciana. Algún día quizás lo fue en su variante blaverismo-catalanismo (que bien podía ser una expresión identitaria del eje izquierda-derecha).

Hoy en día, encuentro más poderoso un posible eje: regeneracionismo/novedad vs institucionalización/antiguo que el identitario. En este nuevo eje Compromís compite con UPyD. Si atendemos a discursos, propuestas, posicionamientos, queda bien claro que Compromís quiere competir en este eje, y no en el territorial. Y hace bien, siempre que mantenga satisfecho a su núcleo de votantes más duro, que es a la vez el más valencianista.

Concluyendo…

No creo que pueda sostenerse, a partir de los datos, que Compromís se encuentre en una posición tan extrema en el mapa ideológico-identitario como sostiene Jorge en su artículo.

Quizás el problema de Compromís sea que llegado el momento de competir en unas elecciones, si las encuestas apuntan a que posiblemente tenga un papel importante en la gobernabilidad, sean atacados por falta de claridad en políticas propuestas o su inexperiencia en la gestión. En cuanto a lo primero, hay que señalar que las propuestas a estas alturas de la legislatura, no suelen tener una gran cobertura mediática como para llegar al grueso de la población, aunque quizás sí que sea uno de los potenciales puntos débiles en un futuro próximo.

En cuanto a la inexperiencia, hoy en día parece ser más un punto a favor que en contra.

Moltes vagues en una

El dijous passat es va viure una nova jornada de vaga general. Però tant esta vaga com la de 2010, han sigut diferent de les de 2002, o les dècades dels 90 i 80. Per diverses raons:

En primer lloc, pel seu seguiment més discret. Les dades més objectives —com ara les de consum elèctric— apunten a un seguiment similar de la vaga de dijous amb la de 2010 contra la reforma laboral de Zapatero, amb una reducció mitjana del 14,3% de consum enfront de les xifres d’entre el 20% i el 35% de les vagues de 2002, 1994 i 1988.

En segon lloc, perquè estes vagues es produeixen en un context de fort descrèdit dels seus convocants. Els sindicats majoritaris, tot i la seua forta implantació en alguns sectors concrets (com ara el sector públic o part de la indústria) no han sabut —o pogut adaptar-se— a la realitat de bona part de la població activa, que pateix una forta temporalitat que complica la seua sindicalització.

Però, a més, el paper dels sindicats com a referent social es troba en entredit. Atenent a les dades d’estudis del CIS, la confiança que generen estes organitzacions entre la ciutadania ha patit un fort desgast en els últims anys.

Per a fer-nos una idea, les xifres de confiança envers els sindicats el 2010 són molt semblants a les que generen les entitats bancàries.

No és d’estranyar que els mitjans de la dreta utilitzen constantment este sentiment a favor dels seus posicionaments (com quan parlen del fracàs sindical o vaga sindical). De fet, des d’entorns progressistes s’han realitzat estudis sobre la càrrega negativa del concepte «sindical» hui en dia.

Dijous passat vàrem viure una jornada de vaga general. Els piquets, els incidents aïllats, les rodes de premsa dels sindicats i del govern o la batalla de xifres de seguiment, són símbols que formen una mena de ritual de les vagues. Esta forma de fer vaga té una gran incidència en alguns sectors de l’economia (i de la societat), però per a la majoria no tenen gran significació.

Conceptes com esquirol semblen llunyans a qui té un contracte de dos mesos que està a punt d’acabar o a qui a dures penes pot pagar la quota d’autònom. Les queixes sobre l’acomiadament amb 20 dies per any treballat sonen alienes a qui encadena contractes temporals, jornades de pràctiques o beques.

Esta distància entre els treballadors sindicalitzats i la realitat de bona part de la societat era previsible. Per això, i perquè van respectar els serveis mínims, els sindicats no esperaven una paralització del país. El dia de hui, cap vaga pot aconseguir-ho de manera pacífica. Del que no estic tan segur és de si els sindicats esperaven que després del discret seguiment de la vaga, es produïren les massives manifestacions de la vesprada.

I esta fou una altra vaga. En la manifestació, segurament era molt important la presència dels sindicats i dels que havien secundat la jornada de vaga. Però també hi havia una presència destacable dels que no van poder fer vaga però volien mostrar el seu rebuig a la reforma laboral i a la situació que vivim: estudiants, autònoms, treballadors temporals.

Conec algun cas de qui va ser insultat al matí quan anava a treballar per un piquet «informatiu» i a la vesprada acudia a la manifestació (tal com tenia pensat des d’un principi).

Darrere de l’èxit de convocatòria del 15-M (en maig i el 15 d’octubre del 2011) i d’altres moviments similars hi ha molt d’açò: sectors de la població que no compten amb referents per a canalitzar les seues reivindicacions o expressar el seu malestar. En este cas, mentre que l’esquema de vaga era poc aplicable per a moltes situacions, la manifestació va generar un espai de trobada de moltes sensibilitats diferents amb un punt en comú: el rebuig a la reforma laboral.

Per tant, per a les vagues que vindran (i supose que més prompte que tard), val més que tots ho mirem amb una perspectiva diferent. Perquè segurament hi haurà més d’una vaga el mateix dia. Potser hi haurà una vaga diferent per cada persona indignada amb el que estem vivint.

Primavera polar: la resposta del PP a les protestes

Ha sigut un mes ben mogut per terres valencianes. En unes setmanes els carrers de la capital han viscut les majors mobilitzacions en els últims temps, unes càrregues policials sense precedents (per la seua desproporció i pel perfil de les víctimes de les porres), a més de nous escàndols polítics, que afecten el màxim referent de la història política valenciana de les últimes dècades: Rafael Blasco.


Intentant prendre una certa perspectiva sobre la política valenciana, ens trobem uns evidents signes de desgast de l’hegemonia popular. En les últimes eleccions, amb el vent a favor del vot PP a escala espanyola, ja es va notar algunes mostres d’esgotament del PPCV, centrades especialment a la ciutat de València.

I això no és un detall sense importància: no només per la importància poblacional de la ciutat i la seua àrea metropolitana sinó pel seu propi simbolisme. Va ser a València on PP i UV aconseguiren la victòria que avançava la de Zaplana en les autonòmiques de 1995. A més, cap figura representa tan bé la permanència i la solidesa electoral del projecte del PP com l’alcaldessa de València, Rita Barberà (com a dada, és simptomàtic que des de l’alcaldia haja conegut cinc presidents de la Generalitat diferents: Lerma, Zaplana, Olivas, Camps i Fabra).

Fins ací el context. ¿Què ha passat en les últimes setmanes? Que una desproporcionada actuació policial contra una protesta estudiantil de l’emblemàtic institut Lluís Vives contra les retallades en educació, va obtindre ressò mundial i ha generat un moviment conegut com a Primavera Valenciana que engloba mobilitzacions constants d’oposició a la gestió del Partit Popular en terres valencianes.

Després d’uns primers moments de dubte i de declaracions contradictòries, el Partit Popular ha fet allò que sap fer tan bé: unificar el missatge. «La protesta no és pacífica i està instigada per partits de l’oposició (especialment Compromís), que manipulen els xiquets. A més, no té cap justificació, ja que no existeixen les retallades sinó un ajust temporal a la retribució del professorat.»Dins d’este missatge podem emmarcar desenes de declaracions dels últims dies.

Amb l’arribada de les mascletades vivim, però, un nou episodi amb una xicoteta variació en el missatge: les protestes, a més d’estar instigades per l’oposició, no van contra els polítics sinó contra les falleres majors —i per tant, contra les Falles.

No entraré a analitzar estos argumentaris, sinó el seu propòsit. I és que comença a intuir-se un canvi d’estratègia del Partit Popular. Del president Fabra que diu que, com a pare, també es manifestaria pels impagaments al president Fabra que nega les retallades, hi ha un canvi evident, tot i el curt període de temps entre l’un i l’altre. La meua hipòtesi és que han decidit adoptar una estratègia de polarització de l’electorat i han elegit Compromís com l’enemic a batre.

Des del convenciment que disposen d’un vot dur suficient per a mantindre el poder, tenen un objectiu clar: mantindre mobilitzat el seu electorat presentant l’alternativa de govern com una opció molt allunyada del seu espai ideològic. El PP, per tant, ja no busca nous votants sinó mantindre els que té (i que tenen UPyD i l’abstenció com a principals alternatives). Esta estratègia té, a més, una derivada interna: un enemic comú és el millor antídot contra les divisions internes. Evitar-les és una tasca més que primordial després de la dimissió de Camps.

A esta nova estratègia popular li trobe dos riscos.

El primer és que les xifres no quadren i que mobilitzant el seu “vot dur” no en tinguen prou per a poder guanyar unes eleccions.

El segon és que, triant Compromís —i no el PSOE o EU— com a l’altre pol, s’exposen a una opció que té una major flexibilitat ideològica i que no poden lligar a Zapatero.

El temps dirà si la hipòtesi és certa —i quins són els resultats finals d’esta estratègia—; o si es tracta d’un recurs passatger de deslegitimació de la protesta sense més implicacions a mitjà termini. El temps dirà…

[Foto: Weefz.]

Més enllà de les retallades i la corrupció

Si fa uns mesos el discurs polític i social valencià estava dominat pel tema de la corrupció, hui en dia s’ha sumat amb força un nou element de discussió: les retallades. Així, entre retallades i corrupció pivoten els diferents posicionaments, iniciatives i argumentaris.

No és estrany que passe això. Els nombrosos escàndols de corrupció que han colpejat la vida política valenciana i dels quals continuem coneixent noves seqüeles (EMARSA és l’última estrela en el firmament de la vergonya), queden emmarcats hui en un context de fortes retallades en la despesa pública, que afecten especialment educació i sanitat (àmbits que concentren, com és lògic, la major part del pressupost autonòmic).

El contrast entre un passat de fantasia i corrupció, un present de dura realitat i retallades i un futur ple d’incertesa, alimenta este relat que en les últimes setmanes ha tret al carrer centenars de milers de valencians, en unes mobilitzacions sense precedents contra la gestió del PP, contra la impunitat i contra la degradació dels serveis públics.

És normal i saludable que es generen estos “inputs” d’indignació en el sistema polític per part d’àmplies capes de població. És normal i saludable, sí, però també comporta un risc per als interessos de l’esquerra valenciana: que estos dos temes monopolitzen de tal manera l’agenda política de l’oposició que no quede espai per a allò que realment pot facilitar el canvi polític, que no és altra cosa que l’existència d’una alternativa.

Com ja he dit referint-me a altres temes, el valencià no és un cas aïllat ni estrany en el món. Un think tank pròxim als laboristes britànics alerta sobre l’estratègia dels conservadors en un treball molt interessant. La seua estratègia per a mantindre’s en el poder és que el debat gire entorn de les retallades i no sobre un model de creixement. El mal menor, diran els Tories, és el govern que ja està retallant perquè és inevitable. Un segon pas per a girar les retallades en contra de l’esquerra és enfrontar treballadors del sector privat contra els del sector públic. Per tant, este think tank recomana que el centre-esquerra se centre, sobretot, a bastir una alternativa per a créixer i millorar el nivell de vida, i no únicament en un posicionament de caràcter defensiu de la despesa social o dels treballadors públics. Una alternativa que, segons este treball, ha de parlar de la indústria, dels emprenedors, de la formació i de com finançar per mitjà d’una fiscalitat progressiva noves polítiques de benestar que asseguren uns mínims de seguretat i incentiven l’assumpció de riscos.

Com s’ha vist, el debat sobre corrupció i retallades ja té una resposta del PP, amb uns arguments destinats sobretot a mantindre la mobilització del seu electorat: “la corrupció està malament, però no podem tolerar els atacs contra tots els valencians; València és molt més”; “l’estalvi és necessari i ZP no ens va donar el finançament que ens pertocava”.

En este context, el partit que aconseguisca introduir en l’agenda el debat sobre un model diferent que genere creixement i ocupació, no només passarà al davant dels seus competidors en l’oposició sinó que també contribuirà a oxigenar la vida política valenciana. L’existència d’alternatives permet als ciutadans triar i decidir i és fonamental per a una democràcia viva i dinàmica. Qui ho faça, a més, podrà visualitzar-se com a alternativa des de la coherència i descol·locar el PP en el seu discurs de retallades inevitables.

¿Qui serà?