¿Necesita “moderarse” Compromís?

El pasado viernes, la edición valenciana de  El País publicó un interesante artículo de Jorge Galindo sobre el papel de los distintos partidos valencianos durante y tras la ola de incendios que han azotado nuestro territorio. Podríamos resumirlo en dos conclusiones. La primera es que Compromís se ha erigido una vez más como principal partido de la oposición frente a la inacción (o al menos, a la percepción de inacción) del PSOE valenciano. La segunda es que esto aleja la posibilidad de cambio político ya que:

“(…) el [modelo] de la oposición [que compite por gobernar la Comunidad Valenciana] está liderado por un partido que no se encuentra donde está el votante medio, sino en dos extremos: el económico y el identitario-nacional”.

En este artículo pretendo matizar esta afirmación, dejando de lado la primera conclusión en la que concuerdo bastante.

Antes que nada, hay que explicar para los que no están familiarizados con la terminología que la expresión del votante mediano nace de una teoría racionalista del voto según la cual los ciudadanos, atendiendo al posicionamiento de los partidos en distintos temas (issues), son capaces de situarlos en una escala de izquierda a derecha. Además, ellos mismos, según sus propias opiniones sobre los distintos temas, son capaces de situarse en esa escala. La decisión del voto se toma, pues, buscando minimizar la distancia entre el posicionamiento personal y el posicionamiento del partido elegido (en la que se conoce como teoría espacial del voto). Así una persona que se sitúa en la casilla 4, votará al partido más cercano a esa casilla. Esto sería el eje económico del que habla Jorge (aunque hay que señalar que su naturaleza va más allá de posicionamientos económicos ya que cada cual entiende la izquierda y la derecha según sus propias valoraciones, económicas, de valores, etc.).

En algunos sistemas o subsistemas políticos entra en juego un segundo eje de competición. En estos territorios el votante ya no solo se sitúa a él mismo y a los diferentes partidos en el eje izquierda-derecha sinó que también se sitúa en el eje identitario o territorial. Hablamos de territorios como Catalunya, Euskadi, Quebec o Escocia. En Euskadi, por ejemplo, un votante de derechas que se define identitariamente como únicamente vasco, puede dudar entre votar al PNV o a la izquierda Abertzale, en vez de dudar entre votar al PNV o al PP (que sería lo lógico si solo atendiésemos al eje izquierda-derecha). En estos casos depende del peso que tenga cada eje para el votante.

Pues bien, la hipótesis de Jorge Galindo es que el cambio político se aleja cuando la oposición la lidera un partido que no podrá rentabilizar electoralmente su liderazgo porque se encuentra lejos del votante medio tanto en el eje ideológico (por estar escorado muy a la izquierda) como en el eje identitario (por estar escorado hacia posiciones demasiado “valencianistas” –lo que algunos definirían como “nacionalistas”-).

Comencemos por el primer eje. Tomando los datos del post-electoral del CIS de las elecciones autonómicas de 2011 (con todas las implicaciones de margen de error que conlleva sobretodo cuando se cruzan distintas variables).

¿Dónde se sitúa el elector valenciano?

En la encuesta que vamos a utilizar la media ideológica de los valencianos con derecho a voto se sitúa en un 5,10 (en una escala de 1=izquierda 10=derecha). Es decir, el posible votante medio valenciano se sitúa en una posición de centro, ligeramente inclinado hacia la izquierda (recordando que el punto medio de la escala está en 5,5 y no en 5). Ahora bien, si atendemos a la participación electoral, es una constante que los electores que se sitúan en las posiciones más “centradas” tienen una participación relativa inferior al resto de votantes en otras posiciones ideológicas. En este caso la media de los electores que afirmó haber votado está en un 84%, siendo inferior a esta únicamente los electores que se sitúan en las casillas 5-6 y de forma más notoria en los que no se situan en dicha escala (NS/NC). Por lo tanto el elector real o más probable quizás esté situado en una posición ligeramente más hacia la izquierda. Como tampoco tiene demasiada importancia daremos por bueno que tenemos un votante medio que se sitúa en la casilla de 5,10.

¿Donde sitúan los valencianos a los distintos partidos?

Como vemos, si nos atenemos al posicionamiento del elector medio, el que se encuentra más cercano a la media es UPyD, seguido del PSOE, después de Compromís, y finalmente EUPV y PP se encuentran en las posiciones más alejadas. Como primer dato, vemos como Compromís tampoco es situado en una posición extremadamente izquierdista. Más a la izquierda del PSOE, sí, pero bastante más cercano al PSOE que a EUPV. Evidentemente aplicar aquí la teoría del voto espacial no tiene ningún sentido si atendemos a los resultados electorales, porque estamos hablando de medias. Es probable que los votantes de izquierdas valoren al PP muy escorado a la derecha, cuando la opinión de estos votantes tampoco es que le importe mucho al PP para obtener un resultado electoral que le permita gobernar. Por eso es más útil la siguiente pregunta: 

¿Dónde sitúan los votantes al partido al que han votado en las autonómicas de 2011 y donde se sitúan a ellos mismos?

Aquí ya encontramos algo que tiene más sentido. El votante del PSOE y del PP sitúa su partido más a la derecha que su propia ubicación personal, mientras que los de EUPV y Compromís los sitúan más a la izquierda de sus posiciones (de manera más pronunciada en el caso de EUPV).  Aún así, en la hipótesis de Jorge no se trata de que Compromís se quede con el mismo resultado electoral, sinó de que crezca pero sin poder aportar los suficientes votos para romper la mayoría absoluta del PP por su posicionamiento ideológico lejano del votante medio. Por eso hay que ir más allá de su electorado de 2011:

¿Dónde sitúan los electores de los diferentes partidos a Compromís? 

De estos datos podemos extraer dos conclusiones. La primera es que el votante medio del PSOE sitúa como más cercano a Compromís a su posición que el votante de EUPV. Además, el votante medio del PSOE sitúa a EUPV en una posición bastante más alejada (2,27). Por lo tanto, Compromís tiene, en principio, un posicionamiento que no lo invalida para obtener el voto de centro-izquierda. La segunda es que el votante medio del PP sitúa a Compromís en una posición (3,32) bastante cercana a dónde sitúan al PSOE (3,50). Esto tampoco validaría la hipótesis de que el ascenso de Compromís tendría un efecto más movilizador para el electorado de derechas que un ascenso del PSOE.

Por lo tanto, hasta aquí, aunque Compromís se encuentra más alejado del votante medio que el PSOE, no podemos decir que se encuentre en una posición extrema del eje ideológico para su electorado potencial (PSOE) o relevante (PP).

 

¿Qué pasa con el eje nacional/identitario/territorial ?

Lamentablemente no hay datos recientes (o almenos no los he encontrado) del CIS sobre cómo posicionan los electores a los diferentes partidos en cuanto identidad territorial. Lo que sí que podemos encontrar es el posicionamiento de los ciudadanos según su identidad.

Utilizando tanto las variables ideológicas como identitarias tenemos el siguiente “mapa” del electorado valenciano:

 Como vemos, en cuestiones identitarias el electorado valenciano se sitúa mayoritariamente en posicionamientos duales (tan valenciano como español), y los posicionamientos predominantemente españoles (más español que valenciano y únicamente español) tienen una mayor importancia que los predominantemente valencianos (más valenciano que español y únicamente español).

¿De dónde saca el voto Compromís?

Como se puede observar, si bien es cierto que los resultados más importantes de Compromís los obtiene en posiciones extremas en el eje ideológico y identitario/nacional (posiciones poco pobladas como hemos visto en el gráfico anterior), no se puede obviar que cuenta con una importante penetración en cuadrantes donde se concentra la mayor parte del electorado valenciano, como es el centro-izquierda dual.

Esto explica que si nos fijamos en el peso de cada cuadrante en el voto total de Compromís obtengamos lo siguiente:

Por lo tanto, sí, Compromís parte de un “campamento base” situado en un cuadrante poco poblado del electorado valenciano. Ahora bien, el PP también tiene un nucleo duro de votantes situados en la derecha más extrema. Y eso no es ningún obstáculo, en principio, para poder penetrar en otros segmentos de la población, como bien ha hecho el Partido Popular y como empezó a hacer Compromís en 2011. Si no fuera así, la mayor parte del voto de Compromís no provendría del centro-izquierda dual porque tendría “vetado” el acceso a ese segmento.

¿Realmente votamos así?

Hasta aquí hemos asumido que la gente realmente vota basándose en la distancia ideológica e identitaria que los separa de los partidos. ¿Pero es realmente así? El comportamiento electoral es complejo, y en él intervienen muchos factores. Los que hemos visto hasta ahora tienen su importancia, pero también existen otros (valoración de líderes, valoración de la gestión realizada, o la contaminación de la política española en la arena autonómica) que no hemos entrado a analizar.

Incluso, algunos autores defienden que el razonamiento ante una decisión política es profundamente emocional y ligado a la identidad personal, lo que chocaría con los fundamentos de la teoría racional del voto.

Por otro lado, es más que dudoso que el eje territorial sea realmente un eje de competición hoy en día en la política valenciana. Algún día quizás lo fue en su variante blaverismo-catalanismo (que bien podía ser una expresión identitaria del eje izquierda-derecha).

Hoy en día, encuentro más poderoso un posible eje: regeneracionismo/novedad vs institucionalización/antiguo que el identitario. En este nuevo eje Compromís compite con UPyD. Si atendemos a discursos, propuestas, posicionamientos, queda bien claro que Compromís quiere competir en este eje, y no en el territorial. Y hace bien, siempre que mantenga satisfecho a su núcleo de votantes más duro, que es a la vez el más valencianista.

Concluyendo…

No creo que pueda sostenerse, a partir de los datos, que Compromís se encuentre en una posición tan extrema en el mapa ideológico-identitario como sostiene Jorge en su artículo.

Quizás el problema de Compromís sea que llegado el momento de competir en unas elecciones, si las encuestas apuntan a que posiblemente tenga un papel importante en la gobernabilidad, sean atacados por falta de claridad en políticas propuestas o su inexperiencia en la gestión. En cuanto a lo primero, hay que señalar que las propuestas a estas alturas de la legislatura, no suelen tener una gran cobertura mediática como para llegar al grueso de la población, aunque quizás sí que sea uno de los potenciales puntos débiles en un futuro próximo.

En cuanto a la inexperiencia, hoy en día parece ser más un punto a favor que en contra.

3 comentarios sobre “¿Necesita “moderarse” Compromís?”

  1. Antes que nada, muchas gracias, Carlos, por tomarte la enorme molestia de ir a los datos y construir una contraargumentación fundamentada. Desde luego, casi, casi lo consigues ;)

    Comencemos por tu último apartado, porque creo que partes de un error ontológico al pensar qué es racional y qué no: una noción “débil” de racionalidad solo implica que un actor (votante en este caso) tiene una serie de objetivos XYZ que intentará conseguir con el abanico de estrategias ABC que tiene a su alcance. Bajo mi punto de vista, el voto es la ‘caja negra’ más difícil de desentrañar de la ciencia política, pero aún así puede resumirse (siguiendo toneladas de literatura desde el modelo de Hotelling, pasando por Downs hasta hoy) en lo siguiente: Pepito Votante tiene una serie de preferencias por política pública (ideológicas, vamos) que se sitúan en tantos ejes como temáticas haya. Cada eje tiene un peso mayor o menor. En este caso tenemos dos: izquierda-derecha (que es una síntesis de economía y libertad social) y autodeterminación nacional. Pepito escogerá a la hora de votar a aquel partido que esté más cerca de su posición en ambos ejes. Esto es un voto ideológico a la Downs, no hay racionalidad “fuerte”, solo débil, y puedes meter todas las emociones y apetencias por color de ojos, corbata y mitología pseudofacista que desees. Sin embargo, Pepito no es tonto. Y si un partido lleva varios años sin ofrecer buenos resultados quizás se replantee su voto. En ese caso, Pepito no se va a la oposición, sino al partido más cercano después del que le ha decepcionado. Es decir: Pepito también tiene algo de racionalidad “fuerte” (imperfecta, por la información sesgada que recibe, como todos) según la cual evalúa a los partidos ex-post, pero esta se encuentra limitada por su “ideología” (y aquí cabe todo lo que diga cualquier señor que decida que lo “emocional” es distinto de lo “racional”). Además cuentan otras cosas, como que Pepito piense que el partido puede gobernar o no (y esa es la razón por la que Pepito duda en dar su voto a UPyD en Valencia, claro).

    Bien, ahora pasemos al caso que nos ocupa con este modelito en la cabeza. No solo me importa que el votante mediano esté en 5.1, sino la forma en que se distribuyen esos votantes: cuántos Pepitos hay en cada punto. Esto es lo que determina la capacidad de captura de un partido. Según tu gráfico de densidades, tenemos en torno a un 32% de votantes del 1 al 4 y a todos los demás, un 68%, del 5 al 10. Si 5.65 es el punto equidistante entre PP y Compromís, todo lo que esté a la derecha de ese punto es susceptible de ser capturado por el PP. A falta de tener datos más finos, parece probable que el PP está en mejor posición dada la distribución de los votantes, aunque el PSPV desapareciese mañana y sus votantes se “repartiesen”, porque el 3.8 que estos Pepitos dan a Compromís está demasiado cerca del 3.6 general y lejos del medio, ese 5.65. Ahora imaginemos un Compromís en un 4, 4.2 o 4.5: desde luego, le pondría las cosas mucho más difíciles al PP sin perder por la izquierda dado que (1) EU tiene un 5% de votantes “cautivos” por la misma lógica de densidades y (2) EU no se percibe como un partido que pueda gobernar, por lo que habrá gente que prefiera un “voto útil” si se percibe a Compromís como capaz.

    Claro, todo esto depende de mantener o no al PSPV en el análisis. Si Compromís aspira al sorpasso, ha de actuar como si pudiese gobernar. Si no, ha de mantenerse donde está aportando contenido (y dejando las chorradas de “no es una crisis es una estafa” y “rescatemos personas”) e intentar pactar después.

    1. Antes que nada, Jorge, también agradecerte por la contra-réplica.

      Estoy de acuerdo contigo en lo difícil que resulta el estudio del voto desde el punto de vista de sus razones. Porque intervienen muchos factores y porque es inútil preguntarle a la gente por qué ha votado un determinado partido. Incluso si atendemos a la autoubicación ideológica, puede actuar de forma inversa a lo que estamos hablando: se vota a determinado partido y para mantener una cierta sensación de coherencia, me ubico ideológicamente más cercano a él. Por no hablar de los que no se ubican en la escala izquierda-derecha (Que hasta 2008, en España, parecían dar apoyo al incumbent http://www.reis.cis.es/REIS/PDF/REIS_129_041262609113157.pdf ).

      Tienes razón en que la racionalidad se encuentra matizada y que la identificación ideológica ya incorpora el resto de elementos. Pero aún siendo así, mis principales matizaciones no iban por ahí. Iban por la afirmación de que Compromís se encontraba en un extremo muy lejano al votante medio en los dos ejes que señalas. Las matizaciones eran dos:

      1) La primera, es que no se encontraba en un punto tan extremo. Más lejano que el PSOE, sí, pero no extremo. Esto tiene su importancia porque puede jugar con el factor abstención, que en el modelo de racionalidad débil que has explicado no se contempla como una opción. El exvotante del PP que ve a Compromís lejos, y al PSOE más cercano pero no-votable, puede que tenga en la abstención su principal opción. Conseguir atraer voto cercano y que el lejano no se movilice es una estrategia perfectamente viable si no te encuentras en una posición para capturarlo.

      2) Los dos ejes de los que hablas no son los que están vertebrando el discurso. El de izquierda-derecha, como verdadero cleavage estructural siempre está presente, pero el territorial está bastante dormido. Y hay un eje de competición que no entras a analizar que seguramente, más débilmente estructurado y seguramente coyuntural, pero más potente hoy en día: sería el de novedad-institucionalización por llamarle de alguna manera, donde se vertebra el cabreo generalizado con el sistema de partidos tradicional. Es solo una hipótesis, pero si pudiésemos construir una escala para medir este eje, en la cual se ubicaran los votantes y ubicaran los partidos: qué partidos se encontrarían más cercanos al votante medio? Quizás aquí el PP y el PSOE se encuentren bastante alejados. Y aquí entraría el “Rescatem Persones”, que como encuadramiento del mensaje, me parece un acierto: las personas (alguien en contra?) antes que los bancos (como blanco odiado en esta crisis alrededor del mundo). Riesgo: que el eje se desinfle de aquí a las elecciones, o que se te quede vacío de contenido.

      Lo de ofrecer una imagen de gobernabilidad, de acuerdo, pero haciéndolo compatible con todo lo otro. Y las proposiciones de ley tienen una cobertura ínfima al lado de un hashtag en el momento adecuado. No debemos olvidar que los partidos también se guían por incentivos, y hacer cosas de las que nadie se entere, es mal negocio. Y me viene a la cabeza el programa económico que lanzó Alarte allá por 2010… quien se enteró? http://www.socialistesvalencians.org/img/eco/programa-economico.pdf

      Resumiendo: no creo que a Compromís le perjudicara estar en un 4.1, sobretodo si viene de votantes del PP y no de IU, pero creo que en el momento de concretarla en acciones es más complicado (como generar un mensaje que te sitúe en ese punto sin perder cobertura mediática y simpatías en el voto que ya estás consiguiendo?). Por eso veo más “racional”, de momento, enfocar la estrategia hacia el eje de la novedad y el regeneracionismo (no me decido por el nombre xD). De aquí a un año, o mejor dos… puede que la cosa cambie.

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