Rajoy siembra optimismo ¿Qué recogerá?

Hay una cosa que sorprende de la campaña del PP. Con una mayoría absoluta (casi) asegurada, mantienen sin ningún cambio el mismo discurso económico. Un discurso que podría resumirse en que llegarán a la Moncloa, generarán confianza, vendrán inversiones, se creará empleo y con ese empleo se financiarán los servicios públicos. Ni recortes sociales, ni subida de impuestos sino todo lo contrario: actualización de las pensiones y reducción de impuestos a las empresas y emprendedores.  Pero si se echa una mirada a Europa y a las previsiones económicas para los próximos años, todo esto parece más cercano a un ejercicio de “wishful thinking” que a un plan económico creíble.

Además, en la campaña electoral, el PP está apostando a centrar su mensaje en la creación de empleo, repitiendo una y otra vez que, tal y como hicieron en 1996 pueden revertir la situación y crear empleo. Más allá de las diferencias de la situación actual con la de 1996 (no se puede volver a apostar por el ladrillo, no se tiene un contexto internacional favorable y no estamos en vías de recuperación económica), lo que está claro es que el discurso está calando en la sociedad.

 

Según el segundo sondeo pre-electoral de la Fundación Ortega y Gasset (PDF), entre octubre y noviembre ha aumentado considerablemente el optimismo sobre la situación económica futura. Las perspectivas económicas no acompañan ese pronóstico, por lo que parece ser que es la campaña la principal causante de este cambio de percepción.

Es lógico que el Partido Popular centre su mensaje en el empleo y la economía (es la principal preocupación para un 80% de la población según el CIS). De hecho, gracias a la experiencia de 1996, se puede considerar al PP como “dueño” de los temas de empleo en la política española (tal y como el PSOE lo es en el tema de la igualdad). Todo cuadra y por eso el 20-N veremos una gran mayoría absoluta del PP.

Lo que no acaba de ser del todo lógico es que, con esa seguridad en el resultado, se siga instalando la idea que la situación actual tiene fácil solución y que se podrá repetir el relato de 1996. Aumentar las expectativas económicas puede ser beneficioso a corto plazo, pero una vez en el gobierno y con la gestión cotidiana de la crisis, puede llevar al desengaño de una gran parte de la población. En definitiva: el PP podría estar tirándose piedras en su propio tejado.

Rajoy está sembrando optimismo, de eso no cabe duda y las encuestas lo notan. La pregunta es: ¿Recogerá tempestades?

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